14 diciembre 2015

"Los escoceses somos muy guerreros" (Revista XL Semanal, España)


Gerard Butler ha concedido una entrevista para la revista XL Semanal de España que podéis leer a continuación. Si preferís leerla es la página Web de la revista, sólo tenéis que pinchar AQUÍ. 

Es bromista, campechano y muy atractivo. Colgó la toga de abogado para ser actor. Le van los papeles de héroe... y le gustan. En Navidad se reúne en Escocia con los suyos, pero antes ha venido a España como embajador del perfume Boss Bottled.

Gana mucho al natural, con una voz ronca, contundente, muy seductora y una simpatía arrolladora. No está tan fuerte como en 300, película en la que encarnó a un Leónidas apolíneo, pero sigue siendo un tiarrón escocés. Gerard baila durante las sesiones de fotos, se ríe, se hace fotos con todos y mira a los ojos a sus interlocutores. Es un braveheart espontáneo que vuelve locas a las chicas.

XLSemanal. Es imagen del perfume Hugo Boss cuyo eslogan es «El hombre de hoy». ¿Se siente así? ¿Es usted un hombre de hoy? 

Gerard Butler. Eso espero. Para mí es alguien apasionado, intenso, fuerte, pero también sensible y con emociones. Y auténtico. Por eso cambié de rumbo en mitad de mi vida: yo era abogado y me convertí en actor. He seguido a mi corazón. Parte de esa definición de hombre de hoy es sentir la libertad de hacer lo que realmente quieres hacer. 

XL. ¿Cómo fue ese cambio de vida de abogado a actor?

G.B. Mi vida cambió absolutamente. Todavía a veces sueño que estoy de vuelta en la oficina como abogado, y siento alivio al despertar porque aquello no me gustaba. Cuando me puse el traje y la corbata y entré en la oficina el primer día, me sentí fuera de lugar. Me acuerdo muy bien, los primeros seis meses trabajé en temas de impuestos. 

XL. ¿Asuntos demasiado serios? 

G.B. Exacto, esa es la cosa. Pero he aprendido mucho sobre ser actor en mis dos años como abogado porque pretendía ser alguien bastante más inteligente y más interesante de lo que yo era. No me gustaba lo que hacía. 

XL. ¿Cómo terminó aquello?

G.B. Me despidieron. Entonces, me pregunté adónde ir y decidí seguir mi sueño. Así que la mañana siguiente a mi despido, esa misma mañana, hice las maletas y me mudé a Londres.

XL. Atila, Leónidas, Mike Banning... ¿Le dan papeles de héroe porque salvó a un niño de morir ahogado en el río Tay?

G.B. [Se ríe]. Es cierto que me he visto en situaciones locas subiendo a camiones en llamas y cosas por el estilo, quizá sea cosa de mi sangre escocesa. Los escoceses somos muy guerreros. Siempre lo he visto así. 

XL. ¿Le van esos papeles?

G.B. De siempre he sabido cómo se siente esa integridad, esa nobleza, el coraje, el valor sentido de una manera clásica, tradicional. Yo lo entiendo y disfruto interpretándolo.

XL. ¿El fantasma de la ópera o 300? ¿Qué película ha sido más decisiva en su carrera?

G.B. 300, porque fue un gran éxito y cambió mi carrera. Pero El fantasma... fue una experiencia muy muy importante en mi vida: me zambullí tanto en ese papel... Sentía su dolor, su soledad, tantísimo que el personaje no me abandonaba. Y era un papel muy difícil, llegaba a casa pasada la medianoche y me tenía que levantar a las tres y media de la madrugada para regresar. No tenía tiempo para nada: pasaba seis horas diarias en maquillaje. Hacia el final del rodaje trabajé nueve días seguidos durmiendo tres horas diarias, estaba perdiendo la cabeza. Acabé agotado.

XL. ¿También fue duro 300?

G.B. Entrené durante ocho meses, los últimos cuatro antes de que empezara el rodaje entrenaba seis horas al día. Entrené tanto porque pensaba: «Ellos lucharon hasta la muerte, ¿cómo puedo hacer yo algo equivalente en la película?».

XL. La transformación fue impresionante. 

G.B. Había que hacerlo. Allí estaban los mejores especialistas en doblaje del cine, gente extraordinaria que normalmente considera que los actores no son los más fuertes. Yo quería que ellos me vieran tan fuerte que pensaran: «A este tipo yo lo respeto, yo lo seguiría».

XL. ¿Sigue cuidando los músculos? 

G.B. Todavía me gusta entrenar. Pero ese estilo de entrenamiento se ha terminado para mí. En 300 me destruí. Fue demasiado. Además, cuando llegas a ese extremo de esculpir la figura, es por una cuestión de pura vanidad. Si no es porque lo requiere el papel, yo no encuentro un motivo para hacerlo.

XL. Son los gajes de ser una estrella.

G.B. De ser una estrella procuro concentrarme solo en lo positivo. 

XL. ¿Qué es lo negativo?

G.B. Cuando te haces famoso, tienes tus conflictos y tus bajones: debes acostumbrarte a que te juzguen constantemente y te malinterpreten, y has de tener cuidado. Pero llega un momento en el que asumes las precauciones que debes tomar. Yo prefiero fijarme en los beneficios que te proporciona la fama.

XL. ¿Que son...? 

G.B. Que significas algo en la vida de otras personas, puedes hacerles reír o hacerles pensar en cosas que les inspiren. Estoy cumpliendo un sueño y es una gran vida. 

XL. ¿Cómo celebra las Navidades? ¿Se viste de manera especial para la cena?

G.B. Nos reunimos en Escocia, en las Tierras Altas, toda la familia: mi madre, mi padrastro, mis hermanos y hermanas, todos mis sobrinos... Cocinamos una gran cena y después salimos a dar un paseo por el campo. No importa el tiempo que haga: vivimos en un sitio precioso y lo recorremos. Ah, y en la cena no tengo más remedio que ponerme alguno de los jerséis que mi familia me regala siempre en Navidad: están convencidos de que me gustan. Así que sudo sin parar porque la calefacción es alta y son jerséis bien gordos; también me suelen regalar zapatillas, debo de tener cien pares. 

XL. ¿Le toca lavar los platos?

G.B. Intento escabullirme, pero no cuela. Mi madre no lo permite, me obliga. 

XL. Su madre lo ayuda a que no se le suba la fama a la cabeza.

G.B. Desde luego. A veces le digo: «Mamá, soy una estrella de Hollywood, no puedo lavar los platos», pero no cuela. Me dice: «Calla y ven a fregar». 

XL. ¿Le gusta la vida de estrella? 

G.B. Vivo en Malibú en un castillo enorme... Es broma. Vivo de lo más normal, como siempre. Lo único que ha cambiado es que, cuando voy a un centro comercial y está muy lleno, procuro hacer mis recados rápido, pero suelo ir andando o en bici, como todo el mundo. Tiene que ser así: si no, no sería yo.

XL. A España ha venido varias veces.

G.B. Sí, muchas, por trabajo y de vacaciones. Cuando era pequeño, lo pasé en grande en Mojácar y eso que hacía un calor impresionante, más de 40 grados, pero entonces yo lo llevaba muy bien, algo raro en un escocés. Ahora no aguantaría tanto calor.

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